Alternativas para el “suicidio demográfico”

 

Luis-Fernando Valdés

 

El “dogma económico” de que el aumento de la población es causa de la pobreza de las naciones ha llevado a una peligrosa crisis de escases demográfica en Europa. ¿Es posible desarrollar una nueva visión entre población y progreso económico?

 

1. Un grave problema social en Europa.  Aunque las predicciones decían que el crecimiento demográfico mundial daría lugar a una gran carestía que arrasaría con la población, lo cierto es que la población europea ha disminuido grandemente no por escases de recursos, sino por la falta de nacimientos.

Alejandro Macarrón explica que una consecuencia de la baja demográfica es que la sociedad europea pasará de ser “líder mundial” a ser “irrelevante”, ya que en 1900 tenía al 25 por ciento de la población mundial y ahora tiene sólo el 10 por ciento.

El autor español concluye que ahora Europa es “el cementerio del mundo, donde hay más viejos, y cada vez pesamos menos, porque las naciones emergentes tienen más población”. (ReL, 12 feb. 2017)

 

2. Entre la ciencia y la ideología.  Los estudios sobre el crecimiento de la población se han enfocado casi exclusivamente desde la economía. Por eso, se sostuvo que el aumento demográfico daría lugar a la pobreza social, pues se suponía que al aumentar la población, los mismo recursos se repartirían entre más personas. Pero no se trataba de una conclusión científica, sino de una postura ideológica.

Así, en 1968 Paul Ehrlich iniciaba su influyente obra “The Population Bomb” con una declaración: “la batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En la década de los 70, el mundo experimentará hambrunas, cientos de millones de personas van a morir de hambre” (citado en First Things, 1996). Pero esta influyente predicción no se cumplió, pues no se basaba en estudios científicos, sino en el prejuicio de que el crecimiento de la población conlleva pobreza.

 

3. ¿El aumento poblacional es causa de pobreza?  Si la llamada explosión demográfica no es la causa, ¿cómo explicar entonces, que países con alta tasa de crecimiento de la población como Eritrea, Somalia y Sudán, sufran hambre?

“Estos países –expone el economista español, Rafael Termes– tienen densidades de población (población por km2) entre las más bajas del mundo. Sus problemas no radican en la capacidad de producir alimentos, sino en guerras que dejan a un alto porcentaje de la población indefensa” (Conferencia, 18 feb. 2000).

 

4. Un cambio de enfoque. El problema de fondo no radica en el problema objetivo de la carencia de recursos, sino el problema humano de enfocar mal los problemas. “El modo como vemos el problema, ése es el problema” (Covey, 1994).

El japonés Isamu Shimura propone un cambio en el modo de ver la relación entre población y economía. Escribe que “en vez de pensar que nuestra población (en Japón) es demasiado grande para nuestra economía”, es más correcto decir que “la escala de nuestra economía es demasiado pequeña para nuestra población”. Y propone que en lugar de considerar a la personas como indeseadas, se debería ver como “nuestro más apreciado recurso natural”. (Citado en First Things, 1996)

 

Epílogo.  Ante el “suicidio demográfico” de Europa (Weigel, 2017) producido por miedo a la escases de recursos, llegó el momento de sostener que el aumento de población puede ser fuente de progreso económico. Hay que quitar el dogma de que “el hombre es para el progreso”, y volver a las bases: “la economía es para el hombre”. Los modelos económicos se deben reelaborar en función del hombre y no de las utilidades.

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Lectura

*Lunes, 18 de Septiembre 2017*

La imaginación puede perturbarnos mucho en la oración porque nos lleva a todas partes y nos distrae. Pero no hay que luchar contra ella, porque es peor. Es mejor apartar dulcemente las imágenes interiores y dejarlas pasar, volviendo suavemente a la presencia del Señor. Pero también podemos pedirle al Espíritu Santo que sane y ordene nuestra imaginación para que nos ayude a orar. 

La imaginación es algo bueno y precioso si se la entregamos al Espíritu Santo. Entonces, podemos imaginar las manos de Jesús que acarician, o sus brazos que sostienen, o sus ojos que miran con serena ternura, o simplemente su rostro, su figura que nos invita a un abrazo, o a descansar a su lado. Estas son buenas maneras de introducirnos en su presencia. 

En ese encuentro, es posible que imaginemos que él abre su pecho y derrama en nosotros ese manantial de fuego que es el Espíritu Santo.Así, el Espíritu Santo puede ayudamos con su luz, para que aprendamos a utilizar nuestra imaginación con habilidad y creatividad, de manera que sea nuestra aliada en la oración, y no nuestra enemiga.

*Mons.*
*Víctor Manuel Fernández.*